sábado, 26 de septiembre de 2009

5. Parece un sueño

Como ven, salí bien de la operación. Todavía tengo el efecto de la anestesia, porque la operación fue en la cabeza, pero me siento cada día un poco mejor, aunque todavía no me atrevo a manejar mi auto (y no creo que me lo permitan).
¡Boh! Hoy quiero decir esto: si alguien me hubiera dicho en mi niñez, que iba a vivir tantos años y que iba a ver tantas cosas que allá, en la Varsovia de casi un siglo atrás, no se podían ni imaginar, me hubiera reído y le hubiera dicho que se fuera de mi lado con todos esos cuentos. ¡Boh! ¡De no creer!
Y si me hubieran dicho que por esto de las computadoras podían llegar a conocerme en todo el mundo, le hubiera dicho que estaba mishíguene.
Pero acá estoy, y es cierto. Hoy me llamó mi nieta para decirme que me había visto, que había leído lo que yo cuento y que, tengo que decirlo, el que lo escribe es un hombre al que considero un amigo. Es el hombre que fue mis manos, mi cabeza y mi corazón cuando me ayudó a hacer realidad ese sueño mío de escribir un libro. Porque, como les expliqué, yo era medio vago a la hora de ir al colegio en Polonia, así que apenas si puedo escribir en mi idioma original... ¡imagínense en castellano!
Me acuerdo que las primeras veces que nos reuníamos con mi editor, él no llegaba a entender (y eso que habla varios idiomas) cuál era el peor campo de concentración en el que yo había estado.
¡Y cómo me iba a entender si yo lo pronunciaba mal, y en mis treinta y cinco hojas de apuntes, había escrito “Birnau”!
Uno de los tantos sábados a la tarde que pasó conmigo escuchándome y tomando notas, de pronto se le iluminó la cara y me dijo:

–Motek, no es “Birnau”. Es “Birkenau”. Vos estuviste en Auschwitz-Birkenau, en la fábrica de muerte, cuyo comandante fue Rudolf Höß[1].
–¡Claro! ¡Ese mismo! ¿Cómo sabés que era él?
–Porque lo estudié –me contestó.
–¡Regina! –Regina es mi esposa, ya voy a hablar de ella, en otra oportunidad, y voy a pedir que pongan una foto–. ¡Él sabe todo!
–No, Motek. Sé algunas cosas. Pero yo las leí, vos las viviste –dijo ese día–. Esa es la diferencia.

¡Boh! Como sea, ahora que mi nieta está enterada que existe este rinconcito de Internet donde está su abuelo, seguro que se lo va a decir a todos los conocidos. Así que tengo que avisarle a mi amigo que se prepare, porque van a pasar mucha gente a leer. Si pasa como cuando le doy mi libro a alguien o como cuando cuento mi historia, me parece que van a ser muchos los que pasen por acá.
Sin ir más lejos el otro día, mientras esperaba adentro del quirófano que me pusieran la anestesia el cirujano –que es un “paisano”–, me miró el brazo y me preguntó en cuál campo había estado.
Así que ahí estaba yo, esperando que me operaran de la cabeza, y mientras tanto contando otra vez la misma historia a gente diferente.
Ahora voy a llamar a mi amigo para contarle todo esto y seguro que lo escribe.
¡Ah! Para todos los que lean, sean “paisanos” o “goy”, mañana cuando salga la primera estrella empieza Yom Kipur, el Día del Perdón. El día que se nos perdonan todos los pecados y las faltas que cometimos durante el año. Mi deseo que así sea para todos, sean judíos o no. Todos somos seres humanos y creo que si Dios está ahí, no importa cómo se llame, está para todos.
Pero no vale, dejar pasar el día y empezar de nuevo, ¿eh?

Motek


[1] También se puede escribir Rudolf Hoess o Rudolf Höss

6 comentarios:

Gise dijo...

Abue, estoy muy orgullosa de vos, sos lo mas,
un genio
te quieroo muchooooo
tu nieta
Gise

Motek Finster dijo...

¡Negrita!
Gracias. Yo también te quiero mucho mucho.

El Abuelo

Lolítica dijo...

Me encantó leer el comentario de su nieta.

Y es gratificante tener a alguien que disponga de su tiempo para escribir todo lo que está guardado en su memoria que ya, anteriormente, plasmó en su libro.

Si bien no soy judía, agradezco sus deseos.

¡Un abrazo enorme!

Lo.

Motek Finster dijo...

Gracias, Lo.
Sí, gracias a quien me hace el regalo de ser mis ojos y mi memoria y mis manos. Yo se las doy todos los días.
Y no importa que seas o no judía. El deseo es para toda la Humanidad.
Un abrazo para vos,

Motek

Lolita y El Profesor dijo...

Que en este Yom Kipur, Dios nos perdone a todos nuestros pecados, Motek.
Me emociona leerte.

El Profesor

Anónimo dijo...
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